La luz también es dulce es una obra emblemática dentro de la colección Alegorías de la Belleza y una de las piezas más representativas de la trayectoria artística de Paco Yuste. La pintura fue expuesta en El Carrusel del Louvre de París en 2010, como parte de la delegación española, y obtuvo uno de los premios especiales del certamen, consolidando su proyección internacional.
La obra retrata a una joven de gran belleza envuelta en una túnica blanca, acompañada por un velo que cae suavemente por su espalda y cubre parcialmente uno de sus brazos. Su actitud es serena y contenida, con el rostro ligeramente inclinado hacia el suelo, no como gesto de reflexión profunda, sino como expresión de un estado íntimo y ensimismado, propio de quien habita plenamente el presente.
El fondo azul, formado por nubes suaves, se fusiona con su cabello negro hasta convertirse casi en una prolongación natural de la figura, reforzando la sensación de armonía y de pertenencia a un instante que parece suspendido en el tiempo. Sus brazos entreabiertos sugieren una disposición abierta hacia la vida, una aceptación confiada del ahora, sin cuestionar lo que vendrá después.
La luz también es dulce habla de la juventud como una etapa luminosa y placentera, vivida sin la conciencia de su carácter efímero. La obra no juzga ni advierte: simplemente muestra la belleza del momento presente y la tendencia humana a disfrutar de los años dulces sin pensar en el futuro ni en las consecuencias del paso del tiempo. La reflexión final queda en manos del espectador, que es quien, desde su propia experiencia, percibe la fragilidad de esa luz que, aunque dulce, no es eterna.










